Del plato a la boca…

Enséñame dónde te firmé”. ¿Quién no se ha encontrado con una persona que recurre a esta expresión, en afán de no reconocer algún compromiso previo? Pero, como se dice coloquialmente, no tiene la culpa el indio…

El punto:

es fundamental formalizar la toma de decisiones.

Si planeas echar a andar una microempresa o si ya iniciaste actividades, no dejes este aspecto “para cuando el negocio vaya mejor”.

Entendamos la toma de decisiones no como una permanente y estresante postura reactiva, no como el arte de improvisar cuando el problema está enfrente, sino como la disciplina de visualizar cualquier etapa o momento organizacional, actual y futuro, en todas sus aristas posibles, en todas sus magnitudes.

Esta disciplina de visualización permitirá desarrollar diversas herramientas de gestión: objetivos, estrategias, planes, cronogramas, procedimientos, reglas, políticas, etcétera. En cada una intervendrán otras tantas, tales como: contratos, facturas, presupuestos, concursos, estudios de mercado, auditorías, etc., términos variables según el ámbito de tu negocio.

Revisando cada uno de los conceptos anteriores, queda claro que el factor común es la previsión, y no la improvisación. No obstante, muchos emprendedores solo ven en ello una “burocratización” de la vida diaria en su negocio: no alcanzan a ver la lógica de que a mayor tamaño de la organización o empresa corresponderá un incremento de compromisos de todo tipo y que, por lo tanto, se requerirá una mayor rigidez en la toma de decisiones. Mucho menos interés manifestarán por herramientas aún más específicas, y que suelen designarse por sus siglas, como: JAT, ACT, APO, etc.

Así, la toma de decisiones, por todas las herramientas de que se vale, representa un elemento fundamental en la consolidación de la cultura organizacional, pues implica participar a cada elemento de tu plantilla hacia dónde se va y qué corresponde hacer a cada uno.

Haz a un lado la “administración verbal” y opta por esta disciplina de visualización y registro: te facilitará las cosas. Sería terrible que al primer temporal tus compañeros de proyecto (sean socios, empleados, proveedores, u otros) te digan “enséñame dónde te firmé”.

En futuras entradas abordaré los conceptos aquí presentados con el detalle que demandan.

Mientras tanto, me dará gusto recibir tus comentarios o que compartas tus experiencias relativas a este punto clave. Puedes también sugerir un tema a desarrollar.

Gracias por tu lectura.

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