Una olímpica babel

¿Sabe usted, planificador o tomador de decisiones en la televisora, cómo echar a perder la transmisión de las pruebas de velocidad en unos Juegos Olímpicos?

Primero, consideremos que:

  1. Las competencias de 100, 200 y 400 metros son, precisamente, velocidad pura.
  2. La velocidad en la pista debe ser correspondida por la fluidez y carisma del narrador en turno, de manera tal que la tensión emocional del televidente sea mayor aún que en los presentes en el estadio.

Pero déjese llevar por la ilusión de que una leyenda olímpica, angloparlante, dará mayor lustre a la transmisión en vivo. Incluya entonces a Carl Lewis. Agregue, también, a Ana Gabriela Guevara. Y remate con uno de esos conductores estrella de la división Deportes. Ahí lo tiene: un súper equipo de comentaristas. Flamante.

Estará usted tan emocionado que no podrá apreciar que:

  • Ambos, Guevara y Lewis, se opacarán mutuamente, involuntariamente: ante dos autoridades, la atención del telespectador se bifurca.
  • Ni Guevara ni Lewis son o serán con la palabra tan veloces como lo fueron sobre la pista.
  • Guevara no habla el inglés. Lewis, de antemano se sabe, no habla español.

O sí apreciará usted todo esto, pero profundizará en su error (creyendo tener la solución) e incluirá (no hay hilo negro) un traductor. Sin ver que:

  • El proceso natural de la traducción, las pausas pronunciadas, cancelarán lo dicho en el punto 2 inicial.
  • El acento europeo del traductor distraerá a la audiencia meta, hispanohablante, latina.
  • El tipo no está calificado y no traducirá ni la quinta parte del original.
  • Entre ellos tres, alguno, ya impaciente o desconcertado, o motivado por alguien del staff, interferirá en la traducción, generando así una olímpica babel por tres vertientes: el angloparlante, el traductor, y el hispanohablante (por no incluir también al del staff y otros distractores).
  • A la babel le seguirá el silencio, como intento frágil de restablecimiento.

Mucho menos anticipará usted que, mientras ocurra toda esta confusión en su equipo de comentaristas, los de al lado, los de la otra cadena, todos hispanohablantes, se manejarán con tal euforia narrativa que el espectador al advertirla (no podrá ser otro el resultado) se apresurará a cambiar canal por ver a tiempo el foto finish.

Ni sabrá todo el dinero que ha hecho perder a su empresa.

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