Evitar la tangente

Sobra decir que todos llevamos la etiqueta de aprendiz, día tras día. Si siempre hay alguien que sabe “un poquito más” que nosotros, también hay quien sabe (otro poquito) menos. No por otra razón que no sea la especialización que cada cual decide.

Por ello nos halaga ser consultados sobre este o aquel tema y nos esmeramos en dar una respuesta, no solo satisfactoria sino que amplíe el panorama a nuestro interlocutor (y, ya poniéndonos exquisitos, que le deje la curiosidad de ahondar por su cuenta).

A pesar de todas las facilidades del entorno 2.0, no siempre es posible eliminar o matizar esa barrera que es la distancia. Sobre todo me refiero a la necesidad de conocer instantáneamente las reacciones de nuestro interlocutor pues, al transmitir un conocimiento, es inherente el propio aprendizaje, simultáneo.

Hay quienes, así hayan hecho la consulta vía correo electrónico, regresan a comentar, agradecidos, cómo les benefició nuestra exposición. Hay otros que simplemente se llevan nuestro esmero y jamás complementan ese proceso con algunas palabras (positivas o negativas) de feedback.

No digo que sea una grosería: digo que se cancela una oportunidad de crecimiento (para todos).

No es cosa banal.

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